¡Las dificultades de lenguaje no pueden tomarse a la ligera!

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Fracaso escolar y aislamiento social. Solo son dos de las consecuencias que genera una dislalia no rehabilitada. Los niños que no siguen un tratamiento adecuado contra este trastorno del lenguaje, sufren  su vida entera de serias secuelas que los perjudican altamente en todos los ámbitos. Eligen

La dislalia es el nombre clínico que se refiere a la dificultad para emitir fonemas correctamente, a causa de la incapacidad para gesticular. Dicha condición representa el 90% de los trastornos del habla infantiles, según la especialista del lenguaje, Elizabeth Gonzáles Flores.

La experta también indica que este problema se hace evidente a partir del año y medio. Los síntomas más notables son, la sustitución, adición, distorsión, omisión o inversión de fonemas. También es clasificado por la aparición del rotacismo (problemas para pronunciar la “r”), sigmatismo (problemas con la letra “s”), lalaísmo y dadaísmo (problemas con la “l” y la “d”, respectivamente).

Pero, felizmente, la dislalia tiene tratamiento. Es posible reducir al máximo su presencia con la intervención oportuna de los logopedas. A través de una terapia de lenguaje y del habla, los especialistas estimulan la pronunciación y emisión de sonidos conflictivos, como la “r”, “d”, “l” y “s”, entre otros. Además aumentan la seguridad del infante para que pierda el miedo de hablar con otros.

Lamentablemente, hay algunas personas que se resisten a iniciar un tratamiento para su hijos, imaginando que la dislalia “se irá con el tiempo”. Para estos pequeños, el perjuicio de no pronunciar bien llega a niveles inimaginables, dejando huellas imborrables en sus vidas.

“Con frecuencia, los trastornos de aprendizaje, el fracaso escolar y las dificultades en la inserción social y laboral tienen su inicio en trastornos que suceden a lo largo del desarrollo y, especialmente, dada su elevada incidencia, en los trastornos del desarrollo del lenguaje”, comunica un artículo del portal web especializado, “Fonema Logopedia”.

Una dislalia no curada repercute en la autoestima, rendimiento escolar, nivel se socialización, habilidades lingüísticas, conducta, estabilidad emocional e incluso, el vocabulario, y la capacidad de leer. También puede generar tartamudez, por el temor que le causa al infante el hablar en público. Por si todo esto fuera poco, se suma a la lista el acoso escolar que este tipo de niños sufre, donde reciben burlas, golpes y muchas otros tipos de intimidaciones.

Incluso existen casos en que la dislalia ha traspasado la edad de la infancia para asentarse durante la edad adulta. En estas ocasiones, origina inseguridad, frustración, vergüenza, depresión, falta de ambición y solidez en la vida familiar. Los adultos con dislalia no se sienten capaces de resaltar, se aíslan, no creen que puedan ser queridos o amados sin que la lástima sea el factor referencial, y pueden desarrollar ideas suicidas.

Ahora que ya sabe las consecuencias que podría producir su decisión de no tratar rápidamente a su hijo con dislalia, elimine este pensamiento de su mente. Acuda a un especialista lo antes posible, realice un examen para descartar cualquier otro diagnóstico, e inicie la terapia con premura. Su hijo y su futuro se lo agradecerán.

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