Contemos historias

Uno de los secretos de llegar a nuestros hijos, apelando a la emoción, es contando historias. Es una manera de buscar su entendimiento y comprensión con simples palabras y directo al corazón.

Los niños, jóvenes y adultos aprecian a las personas inteligentes, conocedoras de todo tipo de información, pero para lograr ello no es necesario ser todo un intelectual o un gran científico. Se necesita esa habilidad de crear historias para mostrar lecciones de vida.

Muchos padres y madres, no se consideran creativos o perspicaces, prefieren apoyarse en fábulas o historias ya contadas y repetidas para enseñarles a sus hijos más de la vida. Aquello no está mal, sin embargo sería mucho mejor que los propios padres cuenten historias de la misma vida real, con hechos simples para mostrarle ciertas lecciones de vida que serán aún más recordadas.

Por ejemplo, el libro “Padres Brillantes, Maestros fascinantes” del autor Augusto Curi aporta lo siguiente:

“Una joven que recibía burlas de sus amigas porque a ella no le interesaba la estética ni tener una imagen ostentosa y llamativa,  se sentía triste y rechazada, hasta que un día su padre le contó la siguiente historia: “Algunas personas prefieren un bonito sol pintado en un cuadro, otras prefieren un sol real, aunque esté tapado por nubes ¿Cuál sol prefieres? Aunque las personas no creyeran en un sol, él está brillando. Tú tienes luz propia. No tengas miedo de las críticas ajenas, ten miedo de perder tu luz.”

Contar historias amplía el mundo de ideas y soluciones. Alimentan  la emoción y disuelven las tensiones.

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