Cuando la autoridad la tiene la mamá y el papá consiente…

En algunos casos, cuando la autoridad familiar lo tiene la mamá, el padre es quien “trata” de poner un equilibrio y hace de todo para complacer a sus hijos. Esta es una queja que produce gran incomodidad, conflictos y peleas entre la pareja, pero sobre todo, causa efectos negativos en la formación de los hijos. ¿Por qué?

En principio, porque tienen una percepción errónea de su madre, la tildan de “bruja” de “pesada” de “renegona” ya que todo el día se encuentra exigiéndoles que tiendan su cama, que hagan las tareas, que coman verduras, que no ensucien la casa, entre otros. Así como también, creen que  papá es el “mejor” el más “bueno de todos”, por el simple hecho de complacerles; dejarles ver televisión, llevaros a comer hamburguesas, quien les compra regalos sin importar si se han portado bien o no, quien les provee de dinero para las golosinas en el colegio, etc.

En este aspecto, ninguno de los es mejor. Los dos tienen parte de culpa por permitir que la autoridad de los padres se muestre borrosa

Las mamás también pueden ser permisivas y los padres pueden poner orden, la clave de todo ello es llegar a un consenso donde se determinen las normas y límites que van a ayudar a la disciplina de los hijos.

Los padres y las madres son diferentes, cada uno tiene una historia distinta y por ello, cada uno adopta un estilo de vida según cómo hayan sido educados por sus padres. Al contraer matrimonio, estos estilos debe neutralizarse para formar nuevas formas de educar, cada una mejor que la anterior. Es decir, corrigiendo los errores anteriores, enriqueciéndose con mayor información para tener una directriz en donde apoyarse y en donde establecer los límites disciplinarios que educarán a los hijos.

 

 

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