Dejemos de lado el pesimismo

Para enseñar a los hijos a ser más optimistas, debemos inculcarles primero a distinguir los pensamientos pesimistas de los optimistas.

El optimista cree que los acontecimientos positivos y felices se explican a través de cosas que seguirán ocurriendo en el tiempo o en diferentes situaciones.

El optimista también asume la responsabilidad adecuada para lograr que las cosas buenas sucedan. Si en alguna oportunidad sucede algo malo, lo consideran como temporario y específico.

El pesimista piensa completamente lo contrario, que los acontecimientos buenos son temporales y que los malos son permanentes. O que las situaciones buenas son resultado de la buena suerte mientras que lo negativo, resulta más predecible. Así mismo, es de las personas que buscan echar la culpa, aunque se equivoquen frecuentemente. Tienden a culparse a sí mismos o a los demás por lo que esté sucediendo.

Además, una persona con estas características está predispuesto a convertir todo en un caos o catástrofe. ¿Así queremos que sean nuestros hijos?

El pesimismo no es sólo un estilo negativo de percibir las cosas, sino un síntoma de problemas emocionales que en un futuro puede acarrear depresión, baja autoestima, lo cual afecta en todos los ámbitos de la vida.

Si ayudamos a nuestros hijos a combatir estos pensamientos, también le estaremos ayudando a tener mayor éxito en la escuela, en su vida personal y social.

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