¿Tienes empatía con tus hijos?

¿Alguna vez has escuchado de la palabra empatía? ¿Te has puesto en los zapatos del otro?

Cuando compartimos nuestras emociones ya sea estando molestos, preocupados, histéricos o emocionados, nos gustaría que la otra persona nos comprendiera a la perfección para compartir y entablar una buena comunicación en base al entendimiento mutuo. En ello consiste la empatía, en esa capacidad que tienen las personas de ponerse en el lugar del otro, percibiendo lo que sienten e identificándose con sus emociones.

Todos necesitamos de esa habilidad, especialmente los padres para poder descifrar los mensajes, pensamientos y comportamientos de sus hijos. ¿Cómo logro aplicar la empatía con ellos? Mediante el lenguaje no verbal. Aquella comunicación que engloba los gestos, tonos, formas, miradas, movimientos, posturas y que nos permite conocer con exactitud las emociones de nuestros hijos.

Muchas veces, el lenguaje corporal no coincide con el lenguaje verbal. Es por eso que debemos estar 100% atentos, a todas las señales que nuestro niño nos quiere transmitir.

Por ejemplo, Juancito entra a la casa con la cabeza gacha, los hombros caídos, y cuando su mamá le pregunta: ¿Qué tal la escuela? Él responde con desánimo: “bien má, hice todas mis tareas” Está claro que hay una contradicción; sus palabras (lenguaje verbal) no coinciden con sus expresiones (lenguaje no verbal). Quiere decir que él, inconscientemente, está tratando de darle un mensaje y la mamá deber ser capaz de descifrarlo para entender el mundo de su hijo.

Para  poder tener empatía con nuestros hijos se necesita de dos ingredientes bases: La actitud y la capacidad. Si observamos con más detalle a nuestros hijos mientras hablan, comen o caminan podemos ir comprendiendo qué es lo que puede estar sucediendo con ellos, además de codificar algún mensaje que nos quieran transmitir.

Así ellos se sentirán más amados, más seguros y sabrán que cuentan con nosotros en todo momento. Es también recomendable que puedas enseñarle sobre esta capacidad, para que también lo aplique con sus compañeros, hermanos, hasta contigo mismo(a).

Él también debe comprender el mundo de la otra persona, así formarás un hijo respetuoso, comunicador y comprensivo.

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